HISTORIA DE LA SEMANA SANTA DE LA CIUDAD DE LUGO


1.- DEL SAN LÁZARO AL DOMINGO DE PASCUA.

 

La Semana Santa, dentro de la liturgia de la Iglesia Católica, es una semana del año, entre 21 de marzo y el 21 de abril, que el oscila en función de que coincida la primera luna llena tras el equinocio de primavera en el domingo inmediatamente anterior a su celebración. Y esta fecha, que es umbral de la Semana Santa, en la tradición Lucense viene caracterizada, sin lugar a dudas, por la festividad de San Lázaro, en el barrio del Puente. Es éste un barrio que nos trae los recuerdos y evocaciones de la peregrinación a Santiago de Compostela.

También aquí reverberan los ecos del inicio del cristianismo en la romana ciudad de Lucus Augusta, cristianismo que, según la tradición, vino de manos del Apóstol Santiago y de su discípulo San Capito, primer Pastor lucense. Esta primera comunidad, y siempre siguiendo los hilos de antiquísimas tradiciones, fue martirizada en el cercano lugar de Pontegaos, perteneciente a esta misma parroquia de San Lázaro del Puente y después las cenizas de sus mártires fueron extendidas en el Lugar de Sanctas Masas.

Es también en este lugar del Puente, por donde discurre manso el río Miño, a poco más de treinta kilómetros de su nacimiento, donde durante siglos se obtuvo el pescado, dieta fundamental de las vigilias cuaresmales. Todavía en la actualidad se guarda el recuerdo de los pescadores con red del río Miño y del producto de la pesca organizado en “cambadas”, que es una medida tradicional delimitada por una vara en forma gayada de la que se cuelgan los peces introduciendo su parte más larga por la agaya y saliendo por la boca del pez, así uno detrás de otro hasta completar la longitud de la susodicha vara.

Es este barrio del Puente un lugar con carácter y personalidad propios, allí se encuentra el antiguo “Hospital Real” que fue de presentación de los Cabildos catedralicio y municipal (a los cuales aludiremos repetidamente a lo largo de este trabajo), con funciones de parroquia. Más tarde Vicaría perpetua, desde 1796, al igual que Santiago de Saamasas que le es limítrofe (aguas por medio), figurando en 1891 como curatos independientes. Es, en la actualidad, anejo de Santiago de Piugos con el particular de ser residencia del cura rector, precisamente en parte de lo que fue hospital.

Del antiguo edificio se conserva el pórtico barroco con imagen petitoria del Santo patrón y parte de la nave, juntamente con los retablos e imaginería interior. Entre el templo y el hospital, discurre el Camino de Santiago (camiño Primitivo). El edificio del hospital se conserva a pesar de numerosas alteraciones hechas para su adaptación como viviendas particulares. La frontera a la iglesia, que es la usada precisamente como rectoral, tiene decoración propia del barroco de placas y una inscripción que dice: ESTE HOSPITAL HIZO REINANDO CARLOS III DIOS GUARDE SIENDO VISITADOR D.MAURO VALLADARES SOTOMAYOR PADRE REVERENDISIMO ADMINISTRADOR D.ANTONIO BENITO TEIXEIRO Y MONTENEGRO AÑO DE 1779. MAESTRO DE OBRA FVLGO DURAN.

Pues bien, a este lugar bajan de romería gran número de lucenses todos los años a escuchar cualquiera de las misas que, desde la Vespertina hasta la Mayor, se prolongan a lo largo de la mañana. En cualquiera de ellas nos interpelará el evangelio propio de la festividad y que servirá a modo de pregón de los misterios propios de la fe que se vivirán en las fechas venideras. Este evangelio no puede ser más apropiado, pues nos sitúa en la parábola del pobre Lázaro y del rico Epulón. Será precisamente en este evangelio donde encontremos una pauta que se repetirá a lo largo de las celebraciones de la semana grande: la convivencia en este mundo de ricos y pobres. De la relación entre ambos estados de bienestar, encontramos el acto del “Lavatorio de los Pies” dentro de la celebración de los oficios del Jueves Santo. Uno de sus antiguos símbolos populares consistía en que la persona más acomodada del pueblo lavaba los pies a los más pobres. Asimismo también escucharemos en la proclamación de este evangelio la adecuada frase profética “si no escuchan a los profetas no creerán ni aún viendo resucitar a un muerto”.

Después de escuchar la misa, se impondrá el santo, con esta curiosa oración: “San Lázaro Glorioso, de Dios alcanzad gracia para salvarnos y para el cuerpo sanidad” siendo la construcción gramatical de maneras renacentistas. Asimismo también nos impondrán la Santa Lucía, quien en Lugo tiene una especial importancia, porque con su fiesta (el 13 de diciembre) comenzaban las perpetuas nieblas, ocasionadas en gran medida por el Miño, y que se comienzan a disipar al principio de la primavera. La oración de imposición dice: “Santa Lucía gloriosa proteged a vuestros devotos con luces del cielo y vista en los ojos”. Terminada la misa Mayor saldrá la procesión que recorre un tramo del camino de Santiago, con la cruz parroquial a la cabeza y después en sendas andas portadas por vecinos del dicho barrio las imágenes de San Lázaro, Santa Lucía y la Virgen del Rosario tras las que caminan los sacerdotes concelebrantes, autoridades y pueblo en general.

Después se comprarán las típicas rosquillas de anís que se pueden adquirir en los puestos callejeros a la puerta del templo para llevar de vuelta a la ciudad.

El San Lázaro supone en Lugo la antesala a la Semana Santa. Y actúa en su contenido litúrgico y simbólico como llamada a la participación dentro de los misterios que tendrán su parte central en el llamado Triduo Pascual (Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo)


2.- SEMANA SANTA EN EL RURAL DE LUGO

 

Como ha quedado patente la ciudad de Lugo es una ciudad eminentemente rural, es decir, que las manifestaciones de la ciudad se ven copiadas de algún modo dentro de los ambientes rurales, sirviéndonos esto, a efectos de nuestro estudio, como fuente viva donde poder contemplar costumbres quizás ya desaparecidas dentro del medio urbano pero de total vigencia dentro del mundo rural.

Dentro de estas costumbres estaba la denominada como “cumplir o Preceuto” como cumplir con el precepto. Consistía en acudir a confesar antes de Pascua, como mandan los mandamientos de la Santa Madre Iglesia (Comulgar al menos por Pascua de Resurrección, de lo que se exige, Confesarse al menos una vez al año, en peligro de muerte y si se ha de comulgar). 

Para ello se citaba a los vecinos de una parroquia dentro de la iglesia para poder confesar y en este acto participaban los sacerdotes del contorno parroquial, siendo la semana anterior la elegida para tales efectos. En la actualidad esto ha sido sustituido por las celebraciones penitenciales que se llevan a cabo en las parroquias urbanas hasta el mismo día del Jueves Santo. 

 Otro acto central de la Semana Santa rural lo tenemos en la Solemne Bendición de los Ramos, ésta se llevaba a cabo en las parroquias cabecera de curato y eran famosos los ramos de gran tamaño que llevaban los mozos, alguno de los cuales no entraban en altura por la puerta del templo. Estos ramos eran llevados para las casas y se guardaban en los fallados, quemándose alguna rama en los días de tormenta a manera de protección, práctica que, tengo constancia, se extendía a la propia ciudad y desapareció a medida que desaparecían las cocinas de leña.

Una costumbre, antaño claramente urbana y hoy en día, en lo que respecta a Galicia, eminentemente rural, la constituyen los llamados “Calvarios”, que consisten en el rezo de las estaciones del Vía Crucis. En algunos lugares se conoce el itinerario de discurso con el mismo nombre de “calvario” que ha dejado su huella en la toponimia local y en algún que otro resto. Es quizás una de las celebraciones más hermosas y con mayores restos arqueológicos de hitos pare geográficos podemos encontrar, no solamente en Galicia, sino también en Portugal (donde existen maravillosos ejemplos urbanos en pleno uso y vigencia, dotados de capillas con imágenes de tamaño real). También tenemos una hermosa muestra en el Santuario de las Hermitas en O Bolo (Ourense).

Entre los ejemplos de Calvarios próximos a la ciudad de Lugo, podemos citar el de San Juan del Campo. Es ésta una feligresía cabeza del arciprestazgo de Pallares, en lo religioso y que, en lo civil, pertenece al ayuntamiento de Lugo, de cuya ciudad dista unos trece kilómetros. En la actualidad todavía podemos encontrar un total de 4 cruces de piedra que marcaban los hitos de las estaciones. Estas cruces estaban situadas en los cruces de caminos y en lugares emblemáticos hasta completar el número de catorce que son las estaciones del Vía Crucis y que, con algunas particularidades, conformaban el rezo del Calvario. Bien es cierto que, con el paso del tiempo, esta manifestación de la religiosidad popular quedó relegada al interior de los templos donde se seguían las estaciones por las litografías colocadas en las paredes con este fin, copiando de esta forma las maneras urbanas.

El rezo de los Calvarios fue recreado de manos de la cofradía del Desenclavo en los últimos años, en que se pudieron escuchar, quizás tras más de un siglo en las calles de Lugo aquellas estrofas que dicen:

 

Lágrimas de coraçón.

De coraçón las lloremos.

Para que todos logremos.

Los frutos de la pasión.

 

Otro ejemplo de tradición popular lo tenemos en la devoción al Ecce Homo o Buen Jesús, pero son casos de iglesias rurales dotadas con un desarrollo en planta que permite tener capillas laterales. Éste es el caso de la iglesia parroquial de Santiago de Saa, perteneciente al arciprestazgo de los Cotos de la Derecha del Miño, ayuntamiento de Lugo y separada de la capitalidad municipal por escasos siete kilómetros. Esta iglesia tiene crucero y en sus capillas encontramos de un lado el altar del Ecce Homo, y del otro el de la Virgen del Rosario (clara influencia de la orden dominica, lo cual está corroborado además por la iconografía del desaparecido altar mayor donde estaban las efigies de Santo Domingo y Santa Rosa de Lima hoy recuperadas tras largo avatar y engrosando los fondos de la imaginería de la capilla de la Soledad de la (O.F.S) debido a la delicadeza y celo de D. Manuel Urbano Barrio Moure). Recalcar, en un inciso, que tanto franciscanos como dominicos fueron los grandes impulsores de los actos públicos de la Semana Santa. Parece ser que en esta parroquia de Saa y en el siglo XIX se sacaba procesión de “Sudarios” con la imagen del Ecce Homo el miércoles Santo acompañada solamente por hombres, después tenía lugar el oficio llamado “de Tinieblas”, en el que en recuerdo de la pasión de Cristo se hacía el mayor de los estruendos posible para lo cual se usaban carracas de madera, alguna de las cuales era de enormes dimensiones. Precisamente, hasta la última reforma que afectó la torre de las campanas de la Catedral de Lugo, existía en este lugar una “Carraca” de grandes dimensiones. Consistía este artilugio en una serie de tableros unidos a un eje que giraban al ser accionado un manubrio; al producirse este movimiento, se ponían en funcionamiento unos mazos de madera enganchados por argollas a los vértices de los tableros para así poder moverse con libertad. Al hacer esto golpeaban los mazos sobre los tableros produciendo gran estruendo. Añadir que esta carraca sustituía a las campanas en los oficios del triduo pascual desde la tarde del Jueves Santo a la madrugada de Resurrección.

El jueves Santo por la tarde, tras los oficios, se procedía al lavatorio de los pies que era realizado por el párroco o por el señor de la torre a los más pobres de la parroquia a los cuales se les agasajaba después con una merienda. Acto seguido y tras la comunión se encerraba el santísimo en un sagrario o “Monumento” que se engalanaba por parte del vecindario que traía lo mejor que podía hallar en sus casas para la ocasión, pero sobre todo flores y velas que después se recogen por parte de los vecinos para encender en sus casas los días de tormenta. A este efecto se establecían turnos de Vela durante toda la noche.

En la vida diaria del campesino, la semana Santa marcaba un impás que repercutía en lo simbólico de una manera muy marcada, pues el propio jueves, a mediodía se interrumpía todo tipo de faena que ya no se reanudaría hasta el sábado a mediodía. En este sentido era tal el sentir popular que si al tañer la campana cogía al campesino con el carro en camino, éste sacaba el yugo al ganado, abandonaba la carga y dejaba a la yugada suelta caminando a casa, regresando el sábado al lugar de partida a recogerla. Prueba de esta costumbre ha sido recogida en Santa Marta de Fixós, parroquia anexa de Santiago de Saa, ayuntamiento de Lugo, a cinco kilómetros de la ciudad.

Será precisamente el sábado cuando acaba el luto y recogimiento con los sones de la campana de la iglesia tocando a Gloria. También en la noche del sábado se trae el agua bendita para las casas bendiciéndose con el ramo tanto los campos como los animales y la propia casa en el día siguiente Domingo de Resurrección. En algunos lugares, como en la parroquia de Miñotos, en Ourol, se iba en procesión hasta la parte más alta de la parroquia y desde allí el sacerdote impartía la bendición a los campos y a todo lo que sobre ellos se encontraba.

Pero el Domingo de Pascua, por lo que al rural de la periferia de Lugo atañe, era el día de los “Huevos de Pascua”. Ese día los niños reunían la mayor cantidad de huevos que podían y se iban a las orillas de los ríos a preparar sabrosas tortillas eligiendo sobre todo la cercanía de los molinos. Así ocurrió durante siglos en que las aceñas del obispado cercanas a San Lázaro, o los molinos del río Fervedoira, de Penoucos o del Rego dos Hortos fueron testigos de la fiesta de pascua.

 

3.- LA SEMANA SANTA EN LA HISTORIA

 

3.1.- EDAD MEDIA.

 

El Lugo medieval es una encrucijada de caminos que tiene en la Plaza del Campo su punto central y dentro de su perímetro murado se pueden encontrar distintas encrucijadas marcadas quizás por la presencia de una cruz.

 Es, ante todo, un lugar de paso de peregrinos al sepulcro del Apóstol. En torno a las encrucijadas y al camino se apiñan las casas que reaprovechan los restos de las edificaciones romanas. Dentro de este espacio destacará una plaza como lugar público: es el denominado como “Fieles de Dios” y también como Buen Jesús. Está situada a los pies de la iglesia mayor de Santa María y cercana a los palacios episcopales y a la “Alberguería” u hospital de pobres peregrinos. ¿Sería éste, probablemente, el lugar donde se desarrollasen los Autos Sacramentales? De hecho, hasta fechas recientes, el Sábado Santo se encendía en este lugar la hoguera donde después se procede a encender el cirio pascual. Con esto comenzaba la gran fiesta de la pascua, que era el día en que los catecúmenos entraban, por el bautismo, a formar parte de la Iglesia, comenzando para los Cristianos la mayor festividad del año, la Pascua. Era por tanto este lugar, el atrio mayor del templo y el sitio elegido para las celebraciones públicas que de puertas afuera del templo tenían lugar, como preámbulo de los oficios propios de cada jornada del triduo pascual. Probablemente así fuese pues en otros lugares así ocurría y de hecho en algunos aun ocurre tal y como hoy podemos ver en el Santuario de Nuestra Señora de las Hermitas, provincia de Ourense y obispado de Astorga. Pero algo iba a cambiar en estos lejanos tiempos medievales, y ese algo vendría por el propio Camino de Santiago. Será la fundación, a las afueras del burgo medieval (aclarar que no de las murallas), de los conventos de San Francisco y de Santo Domingo. Con las Ordenes Mendicantes llegará todo un mundo de participación y de implicación dentro de los grandes acontecimientos de la fe. Los dos conventos se situarán muy cercanos uno del otro y pronto harán notar su presencia en la vida local. No es extraño que, de los pocos datos conservados sobre la Semana Santa anteriores al siglo XX, la mayoría nos hacen referencia a estos dos conventos.

 

3.2.- RENACIMIENTO, BARROCO Y EXCLAUSTRACIÓN.

 

La ciudad de Lugo aparece en los siglos XV, XVI y XVII con un tejido urbano apiñado por una parte en torno a la Catedral y por otro en torno a las principales vías de comunicación. Ha surgido en medio el elemento urbano-renacentista primordial que no es otro que la Plaza Mayor; en estos espacios se encuentran un total de cuatro conventos: San Francisco en el barrio del Carboeiro, Santo Domingo, Santa María a Nova de monjas dominicas en la rúa de San Pedro (conocido este lugar también como “Burgo Novo”) y el convento de San Agustín de agustinas recoletas en el fondo de la plaza Mayor (también conocida como “cortiñas de San Román”). En todos ellos la celebración de la Semana Santa será un hecho primordial, como lo atestiguan sobre todo las construcciones de los dos monasterios femeninos, cuyas fachadas principales estaban dispuestas de manera que las procesiones pudiesen hacer “estación” en su interior, esto es, la fachada lateral pasa a ser la principal donde se ubican dos puertas, una la principal y otra, dentro del mismo plano, para facilitar que el cortejo pueda atravesar el templo y salir por otra puerta distinta que no ha sido la de entrada; esto se une a la existencia de unas cruces colocadas en la ciudad, sobre todo en las encrucijadas, que permitían el ejercicio del Vía Crucis por el entramado urbano. Así, el cinco de abril de 1780, se dice que “todos los domingos salga fuera de la capilla de la Orden Tercera de San Francisco el Vía Crucis que viene celebrándose por las calles y sitio en que para lo mismo se formaron antiguamente algunas cruces a fin de que sirva de ejemplo a los vecinos”. Ya más recientemente, en concreto a principios del siglo XX (año 1923) se da cuenta que son contadísimas las personas que asisten al Vía Crucis de las tres de la tarde en todos los domingos del año, con salvedad hecha de los días de Semana Santa. Por estos datos, extraídos de la documentación de la Orden Tercera de San Francisco, nos consta por un lado que los lugares en que se hallaban las estaciones venían de antiguo y por otro lado, que el rezo del Vía Crucis era un ejercicio bastante frecuente dentro del devenir de la ciudad.

Transcribiremos a continuación cómo se desarrollaba una procesión de penitencia, se trata en concreto de una procesión de la virgen de Ntra. Sra. de los Dolores fechada en 1698:

“(…) se celebró con toda solemnidad una misa cantada del Misterio de los Dolores asistiendo a ella Su Ilustrísima. Dispuso que el domingo se llevase dicha Santa Imagen al convento de San Francisco. Lo primero se dispuso que todos se quedasen en cuerpo, los eclesiásticos se quedasen el loba, sin manteo y sombrero y los seglares sin capa, espada y sombrero, y a todos se les dio corona y soga, y precediendo con el estandarte nuestro hermano el regidro Don Tomás Pardo vestido de Nazareno se fue poniendo en orden de dos en dos la procesión dando a cada pareja iguales penitencias, como fueron de cruces a cuestas, otros atados a columnas, otros con grillos en los pies, otros con cadenas puestas al pié, y echadas al hombro, otros con grillos y esposas, en las manos, otros con calaveras y pesos en las manos, otros con crucifijos y los que podían su vela, en que iba gran número de sacerdotes descalzos y nuestro hermano D. José Portillo, racionero, en el medio de la procesión, revestido con alba y estola morada, y un crucifijo muy grande en las manos ; ……….También nuestro hermano, con la cruz tendida sobre sus espaldas y los brazos metidos en una argolla de hierro. Después de los dichos hermanos y particulares se seguían los religiosos de N.P.S Francisco con sus soga, coronas y crucifijo en la mano, y al lo último la dicha Santa Imagen, que la llevaban nuestros hermanos Don Álvaro de Lois y Gayoso, maestrescuela y canónigo de esta S. Iglesia, D, José Mexia, asimismo canónigo, Licdo. D. Pedro López García y el Licdo. Bartolomé Álvarez, yendo todos en loba, soga al cuello, y corona, y en esta orden con la mayor compostura, silencio y edificación que se pudo pensar salió la procesión cogiendo desde el pórtico a la plaza del Campo por la calle de la Cruz y de Batitales, por la plaza de arriba se entró en la iglesia de la Noba donde las religiosas tenían prevenido su altar en el cual se puso a Nuestra Señora y dichas religiosas le cantaron al son del arpa y música el salmo Miserere mei Deus, y al fin la oración del misterio de los Dolores, con la pro vitanda mortalitate, y acabada prosiguió a la iglesia de las recoletas y se enderezó a la Iglesia Maior hasta donde la música vino cantando la letanía, y a la puerta de dicha iglesia salió el Sr. Obispo y cabildo con sus pellices a recibir la Santa Imagen, cantando la música el salmo Miserere; y la llevaron junto al altar mayor y pusieron otro que estaba al lado del evangelio …………Empezó a salir por la puerta principal que va al palacio, y su Ylma. y el Cavildo llegaron hasta la puerta de San Froilán a despedirla, y se enderezó derecho por la plaza del Campo a San Francisco cantando en Miserere, y tocándose a repique las campanas de la catedral que salió dicha procesión del convento y volvió a él.

Continúa en otra parte la referencia a otra procesión con la susodicha imagen existente perteneciente a la Orden Tercera de San Francisco. Este escrito nos completa el itinerario y nos da algunos datos importantes con relación a la organización de las procesiones penitenciales.

”(…) se llevase dicha Santa Imagen a San francisco con penitencia pública en procesión a que concurrió gran gente de los lugares circunvecinos la cual se hizo en el orden siguiente: Esta Venerable Orden se volvió a juntar y formar como en la primera procesión y presidiéndole la Comunidad, salió de la Iglesia Mayor con su estandarte delante y fueron casi sin número las personas que fueron con penitencias públicas siguiendo dicho estandarte; seguídanse las cruces de la Catedral y Comunidades, yendo los Padres Dominicos caladas las capillas y soga al cuello, los Padres Franciscanos sin manto con su soga y corona y las manos metidas en las mangas de los hábitos. Seguiáse toda la crerecía con sus sobrepellices, soga y corona, unos con velas y otros con crucifijos. Presidía a todo el Cabildo vestido con las capas de coro sueltas, recogida la punta sobre el hombro, soga y corona y vela en mano. Y cuatro canónigos y dignidades con el mismo hábito llevaron a Nuestra Señora, alumbrándose cuatro capellanes con sus blandones los tres descalzos como lo iba el portacruz, y otros más ministros de la iglesia, sirviendo en este obsequio los dignidades y canónigos que llevaron a Nuestra Señora de capellanes, y los capellanes que llevaban los blandones de acólitos. Cerraba esta lucidísima procesión el preste revestido con su capa morada y un crucifijo grande, y su Ilma. Cubierta la cabeza con el capuz de la capa morada que llevaba, con su soga al cuello, y una cruz en la mano. Y después de todo esto iba toda la Ciudad en forma con sus maceros y ministros, todos vestidos de luto, y sin espada y sombrero, con su soga y corona, y en una mano un crucifijo y en otra una vela, y después se seguía toda la plebe en que iban muchas con penitencias secretas y públicas, y muchas descalzas, y en este orden y composición se cogió el pórtico de Palacio por el Campo del Castillo, a la puerta de San Pedro por cuya calle se vino a la plaza ( la Plaza Mayor) y de allí a la calle de Batitales, a la de la Cruz, a la plaza del Campo y al Convento de San Francisco”.

También nos consta la existencia en nuestra ciudad de los llamados “pasos de disciplinantes” llamados aquí “Sudarios”. Salían por la noche del Jueves Santo, en muchas partes de Galicia, pertenecían a la cofradía denominada de la Vera Cruz o, como en el caso de Portomarín, del llamado Cristo de las Victorias. Estos sudarios vestían sus carnes únicamente con lo que tapaba sus partes, y se cubrían de una sábana blanca, lo que justificaba el nombre de “Sudarios”. Asimismo se colocaban todo tipo de disciplinas, tales como sogas, argollas de hierro, coronas de espinas, etc., organizándose sin distinción de sexos, lo que ocasionó algunos abusos que obligaron a los concejos a dictar resoluciones en su contra. Estas quejas y abusos llegaron a oídos del Sr. Arzobispo San Clemente trayendo como consecuencia la prohibición de las procesiones nocturnas por parte del Real Consejo en el año de 1700 .

Una ceremonia que es recogida por diversos autores como propia de la ciudad de Lugo, es menester decir, en honor a la verdad, que existe asimismo en otros lugares, si bien es cierto que en la de Lugo se ve rodeada de unas características especiales. Esta ceremonia se desarrolla en la tarde del Jueves Santo en la que, tras finalizar los oficios en el altar mayor, se recoge la sagrada forma en el cáliz Gótico, hermosa pieza donada a la catedral por el que fuera obispo de Lugo D.García Martínez de Baamonde en el año 1461 citado en el inventario de 1628 “un cáliz de plata muy grande, labrado a lo antiguo, que sirve en el altar mayor para las fiestas principales”. A continuación, se dirige de manos del Obispo por las naves de la Catedral, bajo palio portado por seis caballeros que han tenido que esperar años a acceder a tal merced, y se dirigen en organizada comitiva a la capilla del trascoro donde se ha colocado el monumento. Allí lo esperan, flanqueando el pasillo central, en perfecto orden, una guardia armada que rinde armas al paso de la Sagrada Forma.

Depositan a N.S. en el camarín del sagrario y se retira a un lado S.Ilma. y el palio se recoge en la sacristía. Acto seguido aparece por el pasillo el regidor más antiguo juntamente con el procurador que hace las funciones de secretario, acompañados de todo el regimiento local con maceros y pendón al frente. Después, por parte del Justicia y del Procurador se procede a comprobar que la sagrada forma se halla realmente allí levantándose, por parte del escribano, el acta correspondiente y se cierra el sagrario con tres llaves, una se entrega al Sr Obispo, otra al Regidor y otra queda de manos del Procurador. Después se coloca además un lacre en la puerta del sagrario y se sella con un hermoso sello labrado en una pieza de plata y con la manecilla realizada en marfil; este sello es de forma oval y divide su campo en blasón y bordura, subdividiéndose asimismo el blasón en tres partes. La 1ª con corona real cerrada, representa a Su Magestad Católica. La segunda el Cáliz, la sagrada forma y dos ángeles adoradores, que representa el Privilegio Eucarístico, y la tercera la torre y los leones que representan a la ciudad de Lugo. Lleva en bordura el lema: LA CIVDAD DE LVGO CABEZA DEL REINO DE GALICIA que según la tradición le concedió el rey suevo Teodomiro. Colocado el sello se procede a la colocación de una guardia de gala delante del monumento, retirándose acto seguido y tras la correspondiente reverencia los cabildos catedralicio y municipal.

Sobre el origen de este culto hay diversas versiones. La más “lucense”, por así llamarla, nos remonta a un hecho antiguo en que convertido el rey Teodomiro al cristianismo, se reunió por su auspicio en esta ciudad el llamado “Concilio Lucense” para tratar de los errores de los herejes Sacramentarios, en el cual fueron condenadas las doctrinas de éstos; pero muchos de estos herejes ocupaban puestos muy relevantes tanto en la sociedad civil como en la eclesiástica, de hecho uno de ellos de alta dignidad catedralicia aprovechando su posición y lo solitario que estaba el sagrario por la noche, robó la sagrada forma y colocó en su lugar un cuerno. Descubierto el hecho causó grande espanto y congoja, lo que obligó a colocar un retén armado como custodia de la Sagrada Forma.

Si bien ésta es una hermosa historia por las características que entraña el propio acto en sí, se ve en él algo más propio de un auto sacramental, donde las autoridades civiles y eclesiásticas representan tanto al Sanedrín como a la Administración Romana del siglo I en el acto de colocación de la piedra del sepulcro.

Ya para finalizar diremos que esta tradición se mantuvo viva hasta la segunda mitad del siglo XX, en que fue simplificada adaptándose a nuevas disposiciones de la Iglesia tendentes a dar mayor protagonismo a los fieles.

 

3.2.1.- LA TERCERA ORDEN DE SAN FRANCISCO.

 

Por sus características y su protagonismo en el tema a tratar hemos querido desglosar este apartado del capítulo anterior, sirviéndonos además de puente entre la Semana santa antigua y la actual. Y sobre esto jugará un papel muy importante la V.O.T (Venerable Orden Tercera).

El siglo XIX fue un siglo convulso en todos los órdenes y nuestra pequeña ciudad no fue ajena a las convulsiones que lo sacudieron hasta lo más profundo de sus cimientos. La Desamortización de Mendizábal dejó a la ciudad sin las comunidades de Franciscanos y Dominicos, además de las de monjas dominicas y de Agustinas. Si esto no fuese suficiente, algunas capillas fueron también derribadas a lo largo del siglo, así la de la Virgen del Rosario en el convento de Santo Domingo de donde salía la procesión del Santo Encuentro. Otras, como la de la Orden Tercera de San Francisco, se salvaron “in extremis” aunque se intentó en diversas ocasiones (algunas bien entrado el siglo XX) su derribo por motivaciones estéticas más que discutibles. Si bien en el apartado anterior hacíamos mención de la procesión de la Dolorosa, organizada por la Venerable Orden Tercera de San Francisco, será bueno hacer una breve semblanza de su historia en nuestra ciudad.

Siguiendo a D. Amador López Valcárcel en su libro “historias Luguesas”: “Hasta el año 1690 los cultos debieron celebrarse en la iglesia de San Francisco, perteneciente hasta la exclaustración del siglo pasado a la primera Orden franciscana y hoy convertida en iglesia de San Pedro de Lugo. El día primero de mayo de dicho año la Junta de gobierno de la Orden Tercera decide que se dé Poder ala ministro D. Alejo de León y Castro, Don Gabriel Rubiños, Don Francisco Varela y al Secretario Don José López Mejía para que en nombre de la Hermandad puedan otorgar la escritura con la comunidad de San Francisco en razón de la Capilla que se intenta hacer, y para poner las cláusulas y pactos que fueren necesarios hasta que con efecto consigan el sitio que fuere conveniente y necesario para dicha capilla en lo que dichos señores hicieren desde luego lo aprueban.

Y parece ser que la gestión de la mencionada comisión fue fructífera puesto que, si bien no fue mucha la celeridad con que se construyó, ya el 11 de noviembre de 1698 se dice que la junta se celebra dentro de la Capilla de la Venerable Orden Tercera, que esta junta era la primera que en la capilla se hacía y que en breves días estaría en perfección para poner en ella la imagen de la Soledad, a cuya advocación se dedicaba………Sobre la construcción de la dicha capilla de que dio fe Diego Sánchez de Ulloa, escribano, en 17 de mayo de 1690, cuya escritura está inserta en otra de que dio fe Pedro Díaz Teixeiro y Vaamonde en los 14 de octubre de 1693”.

Sabemos asimismo por esta fuente y por otras consultadas para este trabajo, que en principio la capilla contaba solamente con dos altares; el de la Dolorosa (de la Virgen de la Soledad) y el Pabellón del Ecce Homo. Precisamente son dos imágenes que, nos consta, eran sacadas en procesión en la Semana Santa. De la primera de ellas sabemos que pertenecía a la cofradía de Nuestra Señora de los Dolores; esta cofradía tenía estatutos propios establecidos por la orden franciscana de la cual dependía. Entre los actos que en honor de la Virgen de los Dolores se celebraban, estaba la propia novena de la Virgen, que se celebraba de modo que el último día coincidiese con el Domingo de Ramos, celebrándose por las calles de la ciudad una procesión muy concurrida y no menos devota, con la imagen de la Virgen; esta procesión se celebró de este modo hasta que en el año 1885 se acordó que la novena comenzase el jueves de la cuarta semana de Cuaresma, lo que obligó el traslado de la procesión al viernes anterior a la Semana Santa, festividad de la Virgen, hasta que el Concilio Vaticano II la trasladó al mes de septiembre; esta procesión se siguió celebrando hasta finales de los años ‘60 del siglo XX y en el año 2007 se ha vuelto a recuperar por parte de la Cofradía del Desenclavo y de los Mayores Dolores de María Santísima.

Otra imagen procesional existente en la mencionada capilla, y que por los datos que tenemos sabemos de las más antiguas, era la del Ecce Homo, o Cristo flagelado. Se trata de una talla realizada en madera de nogal, de buena ejecución y policromado. Tiene una altura de 1 metro y 40 centímetros y representa a Jesucristo atado a una columna baja -como apunta la tradición-, cubierto con un paño de pureza y apreciándose en su cuerpo las huellas de los latigazos aunque demostrando gran serenidad y entereza, característica que le da la teatralidad propia de las imágenes de Semana Santa de finales del siglo XVII. Hemos visto alguna fotografía antigua donde salía esta imagen en procesión. Aunque creemos que en principio salía el Jueves Santo, en la mencionada fotografía se veía precediendo a la urna del Santo Entierro. El camarín donde se halla fue realizado en 1770 y salió de las trazas de Juan Bautista Franco y del maestro de escultura y arquitectura D. Agustín Baamonde, participando asimismo en la ejecución del conjunto los maestros escultores Joaquín de Losada y D. Juan González de Rioboo ( estos Rioboos forman parte de una saga de maestros que trabajan en Lugo durante todo el siglo XVIII debiéndose a ellos obras tan magníficas como el Altar Mayor de la iglesia de Nuestra Señora de Guimarei en Friol-Lugo). En este camarín se coloca el monumento el día de Jueves Santo.

Pero quizás el testimonio vivo más actual de la presencia de la Orden Tercera de San Francisco en la Semana Santa de Lugo viene de dos pasos procesionales que han estado presentes, de una forma documentada y clara, al menos en los últimos 150 años. Se trata de los de Nuestra Señora de la Soledad y del Santo Entierro. De éste último diremos que procedía del convento de Santo Domingo de Lugo. Así, el día 25 de marzo de 1840 se acuerda “Suplicar a los señores gobernadores del obispado, sede vacante, se dignen agraciar gratuitamente a la hermandad con la efigie del Cuerpo de Jesucristo y urna en que sale en procesión el Viernes Santo según lo verificó en el presente año y quedó del extinguido convento de Dominicos de esta ciudad”.

Parece ser que la súplica tuvo rápida contestación pues unos meses después la imagen era trasladada a la Capilla de la Venerable Orden Tercera. Se trata de una imagen articulada preparada para el acto del Desenclavo. Es de tamaño real tallada en madera de nogal, tiene los brazos unidos al tronco mediante articulaciones de piel lo que permite plegar los brazos tras ser descendida la imagen de la cruz para introducirla en la correspondiente urna. La obra es atribuida al maestro D.Agustín Baamonde. El Cristo yacente será colocado a mediados del siglo XIX en el retablo mayor, a los pies de la Virgen de la Soledad; en cuanto a la urna procesional nos consta que la actual sustituyó a otra más antigua, siendo la presente regalo de Su Majestad Dª Isabel II. Primeramente se sacó este paso procesional a hombros, precisamente como se sacaban antaño todos los pasos de la Semana Santa Lucense; los candelabros y las tulipas son de estilo isabelino muy similares a los usados por los pasos de la Semana Santa de Viveiro y formaron parte de las primitivas andas. Más tarde se añadieron cuatro ruedas procedentes de dos piezas de artillería tipo “plasencia” de 8mm. Mod 1874, así como un sistema de giro procedente de un viejo armón de artillería. Se completaba con el hermoso faldón de terciopelo negro bordado en oro que cubre la estructura móvil, estructura que, por otra parte, ha sido renovada en varias ocasiones, la última a finales de los ‘90 del pasado siglo.

Otro paso que, al menos desde el siglo XIX, desfila por las calles de Lugo es el de Ntra. Sra. de la Soledad. Se encuentra en su capilla de la Orden Tercera y solamente se la puede ver en las procesiones del Viernes Santo. Se trata de una imagen de vestir con actitud de recogimiento propia de las Dolorosas del siglo XIX. Algunos autores la relacionan con la escuela santiaguesa fijando su cronología en la primera mitad del siglo XIX. Preside su Paso la procesión denominada “das Caladiñas” o “del Silencio”, procesión en la que tan sólo acompañan a la Virgen las mujeres, cada una con una vela encendida en el más completo de los silencios. La carroza actual sustituyó a la primitiva que era de formas similares a las del Santo Sepulcro, con una particularidad, que ésta llevaba un hermoso palio con varales de bronce y dosel de terciopelo negro con colgaduras y brocados de hilo de oro. En el año 2007 ha desfilado este Paso con el dosel después de muchos años sin salir con el mismo.

Y para finalizar este apartado dedicado a la V.O.T. comentar que durante los años finales del siglo XIX y primeros del XX, celebraron sus cultos de Semana Santa en el contiguo convento de San Francisco lo que facilitó que éste se conservase y llegase a nosotros en un óptimo estado; será también por estos años cuando adquiera un indiscutible protagonismo en la Semana Santa. Así, en el año 1914, con motivo del regalo de un particular de un relicario de plata meneses que contiene una partícula del Lignun Crucis y seis varas de metal dorado para confeccionar un pabellón o palio, se acuerda llevar bajo palio esta reliquia en la procesión del Viernes Santo.

 

4.- PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

 

A principios del siglo XX existen en Lugo dentro de los cultos de Semana Santa, una serie de procesiones donde participan los fieles y que son herederas de las hermandades que debieron existir en los extintos conventos de la ciudad. Así tenemos el Domingo de Ramos por la tarde la procesión de la Virgen de los Dolores y la tarde del Jueves Santo, tras el encierro y aún cuando mucha gente realiza la visita a los nueve monumentos -como manda la tradición-, salía de la capilla de la Soledad la procesión del Nazareno o del Ecce Homo, también nombrada “dos Caladiños”. El viernes por la tarde salía, como en la actualidad lo hace, la procesión del Santo Entierro, denominada también como de “la Vera Cruz” y ya por la noche, la procesión de la Virgen de la Soledad o de las “Caladiñas” haciendo gala de gran recogimiento y devoción. Queda para el final la procesión llamada “del Encuentro” de la cual trataré de hacer una breve semblanza. Si bien dos procesiones llevan la denominación de “Encuentro” las dos se centran en otros tantos episodios del triduo pascual, siendo tanto el uno como el otro representados de diversas maneras en los lugares donde la Semana Santa adquiere un protagonismo popular fundamentado en la fe y en la historia. El primero de los encuentros lo podemos hallar magníficamente representado en la Semana Santa Vivariense, o en tierras del Bolo en el Santuario de Ntra. Sra. de las Hermitas. También se podía ver en el Antiguo Portomarín y en un sinfín de lugares que sería largo enumerar; decir que se centra en el encuentro del Calvario, teniendo por protagonistas a Cristo, la Santísima Virgen y San Juan, y las palabras del crucificado: “madre aquí tienes a tu hijo” -dedicadas a la Virgen- e “hijo aquí tienes a tu madre” -dedicadas a San Juan-. Esta representación se ha hecho durante siglos en todas partes, en unos lugares se han utilizado imágenes articuladas (Caso de Viveiro) en otros son imágenes estáticas (As Hermitas y antiguo Portomarín). Otros, como en Lugo, parece ser que por esas fechas relegado a la colocación en el monumento de una imagen de la Virgen y otra de San Juan que con la plática del sacerdote recreaban el histórico instante.

El otro de los encuentros, es el que se desarrolla en la mañana de Pascua entre Cristo Resucitado y su madre. En Lugo este acto se celebra dentro de una hermosa ceremonia que en la actualidad es considerada como el acto más antiguo de la Semana Santa Lucense. De origen medieval, esta procesión está íntimamente ligada con el convento de Santo Domingo y con el Concejo municipal que tenía en uno de sus laterales la Capilla de su patrona Ntra. Sra. del Rosario. De hecho los actos comenzaban hasta hace pocos años a las 7:45 de la mañana, cuando de la iglesia de Santiago -antiguo convento de dominicas de Santa María “A Noba”-, cercana al ayuntamiento salía la procesión con la imagen de la Virgen cubierta con un velo negro. Iba precedida por la cruz parroquial y acompañada por la corporación municipal con la bandera de la ciudad enlutada, maceros y la banda de música municipal. La imagen va sobre andas portadas por cuatro policías municipales y tras la misma un ujier del consistorio lleva un pequeño envoltorio formado con una bandera de España; se llegaban a paso decidido a la puerta norte del templo (esto se fue cambiando a lo largo de los años) y penetraban en el recinto catedralicio colocando a la Virgen en la “Vía Sacra”. Después y en el momento de la consagración tenía lugar un acto muy emotivo: a los acordes de la marcha real, la tapa que cubre la sagrada forma en el tabernáculo giraba de sobre sí mediante un curioso mecanismo dejando ver la Hostia Sagrada, momento que aprovechaba el ujier para destapar la imagen de la Virgen y colocar en su regazo el niño Jesús que llevaba envuelto en la bandera; también en ese instante se retira el crespón negro de la bandera de la ciudad. Esto se ha repetido, con ligeras matizaciones propias de cada época, año tras año en nuestra ciudad a lo largo de los últimos siglos y es el testimonio vivo de la antigüedad de nuestra semana mayor.

Tenemos un testimonio de especial valor que documenta la antigua Semana Santa Lucense, y lo traemos precisamente a este apartado pues fue redactado por esta época de principios del siglo XX. Está contenido en el trabajo que bajo el nombre de “Historia de Galiza” fue dirigido por el culto profesor D. Ramón Otero Pedrayo, en concreto dentro del tomo II de esta obra Págnas.642-644:

“La semana Santa luguesa es la fiesta después del San Froilán celebrada con mayor solemnidad.

Comienza con la misa, bendición y procesión del Domingo de Ramos. Todas las personas llevan su ramo: los mayores una ramita de Olivo o de laurel, los niños ramitos adornados con cintas, galletas, caramelos y naranjas que, al salir guardan celosamente para que los mayores no les saquen tan preciados adornos; los jóvenes andan a la porfía de quién lleve el ramo mas grande, algunos asemejan verdaderos árboles que ponen en peligro las cuerdas de las lámparas. La iglesia se asemeja a un bosque en ese día. El Miércoles Santo por la tarde, se engalanan los monumentos lo mejor posible para el día siguiente, día en que se concede un premio al mejor.

El Jueves Santo es el día de las grandes ceremonias, el Altar Mayor, tapado con unos lienzos blancos adornados con flores, estampas y escapularios, tiene en el centro una escalera en la cual se pone una custodia de madera labrada para poner el Santísimo; a los pies de la escalera la Virgen y San Juan y en el medio una cruz acostada en una alfombra.

A la mañana hay misa de diez, a cuyo toque paran todos los trabajos para juntarse los vecinos en la iglesia. Se celebra en un altar lateral al finalizar se lleva el Santísimo bajo palio a la custodia del altar mayor. Por la tarde desde las cuatro, hay varios Viacrucis, algunos muy bien leídos. A las siete comienzan los oficios cantados por varios señores con el párroco sentados en dos bancos puestos formando un ángulo; cada poco tiempo se van apagando las velas de la escalera, una a una, y por último las que hay en un trípode que sostiene una especie de triángulo con varias velas. Cuando todo queda a oscuras, aun siguen cantando unos instantes y por fin, a unos golpes que el abad da encima de un libro comienzan a aplaudir con las manos. Algunas personas piadosas dicen que se pegan en la cara.

A las ocho de la noche sale la primera de las procesiones llamadas del Buen Jesús. No pueden acompañarla más que los hombres, de los que cada uno lleva una cruz grande de madera a cuestas, que cuando es de grandes dimensiones la llevan entre dos. Preside esta procesión el Gobernador Civil, el gobernador militar y el alcalde, cada uno con su cruz correspondiente, siguen los demás hombres y al final va el señor obispo y algunos canónigos. Sale de la catedral recorre algunas calles recogiéndose en el mismo sitio (añadir que como ocurre hoy en día algunas procesiones salen de la catedral, pero sus pasos vienen de otras parroquias a donde vuelven cuando se recogen, como en este caso en que la imagen titular venía de la capilla de la Orden Tercera).

En Lugo, el Jueves Santo, durante el Encierro, tiene lugar una ceremonia especial: el alcalde y el secretario del ayuntamiento suben al monumento y examinan el sagrario para comprobar y levantar el acta correspondiente a que la Sagrada Forma se halla realmente allí depositada, y después de cerrar el Sagrario en su presencia se hace entrega de la llave al alcalde, el cual la traerá al cuello hasta el viernes, a la hora de volver a abrir el sagrario. Esta costumbre dice una antigua leyenda que fue instituida porque un año, hace muchísimo tiempo, al abrir el Sagrario, en lugar de la Sagrada Forma encontraron un cuerno, hecho sacrílego que fue achacado a los judíos que con ayuda de alguno de sus cómplices infiltrados en el clero catedral aprovecharon para tal osadía. Entonces el concejo de la ciudad que se lleva por timbre ser “ciudad del Sacramento”, quiso intervenir para asegurarse de que hechos como este no se repitiesen. Ceremonia semejante a esta se hace también en otras villas de Galicia tales como Pontevedra y Vilagarcía no sabemos si por imitar lo que se hace en Lugo.

Concluidas las ceremonias de la mañana, comienzan, según costumbre moderno, las “horas de Vela” delante del Santísimo. A las cuatro de la tarde se hace el lavatorio de los pies, con doce ancianos del asilo. A estos ancianos les dan a cada uno un vestido nuevo y un duro; después hay un Viacrucis en el Convento de los Franciscanos (Señalar que los Franciscanos regresarán a Lugo medio siglo después de la exclaustración. Siendo obispo de Lugo De los Ríos Lamadrid y ocupando el antiguo seminario de San Lorenzo en la Plaza Mayor).

El Viernes Santo por la mañana, hay los Oficios y al hacer el “desencierro” vuelven el alcalde y el secretario a examinar el sagrario y dar fe de que allí se encuentra la Sagrada Forma. Después hay la adoración de la cruz en todas las iglesias.

A las dos de la tarde comienza el sermón de las siete palabras en un convento de Religiosos (antes de la desamortización en el convento de Dominicos en Santo Domingo), con la capilla a oscuras y en el altar mayor la cruz, la Dolorosa y San Juan (Sermón del Encuentro acto que antiguamente se celebraba a la puerta del convento de los dominicos en la plaza de Santo Domingo); finaliza este sermón a las tres en punto, hora en la que expira el Redentor.

A las cinco hay sermón del Desenclavo en la Capilla de la Soledad (perteneciente a la Venerable Orden Tercera de San Francisco) que es predicado por un fraile franciscano y después sale de allí la procesión del Santo Entierro. En ella van los fieles en dos filas de tres en fondo, comenzando por las señoras y jóvenes de la Acción Católica, y seguidamente los asociados de la Orden Tercera con escapulario y cordón, y por el medio van los sacerdotes que llevan los diferentes pasos de la pasión ( cuadros con las estaciones del Vía Crucis) escoltados por niños vestidos de nazarenos; en el medio va la urna, escoltada por soldados zapadores, caminan tras la urna tres niños vestidos representando a María Magdalena, María a irmá de Lázaro e San Xoán; las filas que siguen son de hombres, llevando en el medio a la Virgen de los Dolores, que es escoltada por la Guardia Civil; después seminaristas y al final, el desfile.

El Sábado Santo es como en todos los lados.

Antiguamente había personas que no comían desde el toque del jueves hasta el toque del Sábado a lo que se llamaba “Ayuno do Traspaso”.

El domingo de Pascua es el “día das Merendas” y todo tiene aire de fiesta.”

Esta descripción nos relata a la perfección los actos de la Semana Santa lucense en los primeros años del siglo XX. Añadiremos que en la zona rural, sin olvidarnos de esa realidad de Lugo que en urbana pero muy rural al mismo tiempo, los actos de Semana Santa giran sobre todo alrededor del rezo de los “Calvarios”. Quisiera mencionar aquí, por su especial valor histórico, los Vía Crucis de San Vicente del Burgo, con cinco cruces conservadas colocadas a lo largo del Camino Primitivo de Santiago; San Salvador de Outeiro, de la que se conserva una sólo cruz cercana al núcleo principal de la parroquia; San Xoán do Campo, a lo largo del “Camino Real” de Lugo a Portomarín se conserva una de ellas en Seoane, y otra ha sido colocada recientemente al lado de la parroquial de Santa Marta de Fixós, antiguo anexo de San Xoán; San Martiño de Carballido, con tres cruces que van desde los 111cm a los 2m. colocadas en las cercanías de la iglesia parroquial; Santa María de Gondar, de la que se conserva una cruz de 140 cm de altura, con la típica sección cuadrangular y aristas achaflanadas, base prismática hecha en un solo bloque; San Pedro de Labio donde se conserva un total de 8 cruces, una de las cuales con la fecha de construcción del Vía Crucis 167… y las letras I.R.S correspondientes a la estación; Pedreda, al lado de un camino se conserva una cruz, único resto del antiguo Vía Crucis; Santiago de Saa, Vía Crucis en el muro de cierre del atrio parroquial, se conservan un total de siete cruces, pero quizás el mejor conservado sea el de la parroquia de Santa Cristina de San Román, del que se conservan un total de 10 cruces colocadas en su emplazamiento y restos de otras, entre ellas, la mejor conservada es la correspondiente a la estación XIV o final. Esta cruz realizada en piedra de granito, es de buenas proporciones 1’40m. De altura, de sección romboidal y extremos sobresalientes rematados en bolas, en el anverso existe un rebaje para colocarse la imagen del descendimiento. Se alza el conjunto sobre tres gradas de mampostería pizarrosa de traza rectangular coronada por el basamento de granito de igual forma. El resto de las cruces se sitúan en el cierre del atrio de la iglesia parroquial.

Otro importante testimonio que ha llegado a nosotros trata del vestuario de los penitentes. Ya hemos hablado de los antiguos “Sudarios” que eran simplemente sábanas de lino que se colocaban tapando el cuerpo y se ceñían a la cintura con una soga de esparto. Se tocaban estos penitentes con coronas hechas de espinos que clavándose en la carne hacían salir la sangre que empapaba las sábanas haciendo un espectáculo de acusado patetismo. Pero el hábito más frecuente en la Semana Santa Lucense, era muy similar al que aún hoy en día utilizan los penitentes del Santuario de Ntra. Sra. de las Hermitas en O Bolo (Ourense). Se trata de un ropón de saco, de color marrón o morado según la hermandad o paso, con un capuz del mismo color que tiene dos aberturas para los ojos, se ciñe la cintura con cordón propio de cada devoción, se completa con una cruz de madera que sobre el hombro trae el penitente -otros sin embargo traen hachones de cera-, a los pies acostumbran calzar un par de sandalias, cuando no van descalzos.

Ésta es en breves pinceladas la historia de la Semana Santa Lucense hasta los años de la República y de la Guerra Civil, en que no hay ningún cambio digno de mención. Finalizada la Guerra, se incrementa notablemente la afluencia a los desfiles procesionales, multiplicándose en número de devotos penitentes a los que se suman los jóvenes del Frente de Juventudes portando a hombros cruces de gran tamaño, entre ellas la existente en la Capilla de San Froilán en la Catedral lucense que tiene una altura de cinco metros y un travesaño de tres metros.

5.- ACTUALIDAD.

 

Si bien es de generalizada opinión que en la postguerra tiene lugar una profunda transformación social que trae de la mano el resurgimiento de los cultos de la Semana Santa, quedarnos en esto sería simplificar el hecho de la transformación de los cultos públicos de la Iglesia lucense, pues otros condicionantes tienen que considerarse dentro de un estudio serio siendo éstos, si cabe, más trascendentales en el resurgir de las devociones penitenciales en una pequeña ciudad de provincias cono lo era el Lugo de los años 40, ciudad que empieza a crecer de la mano de amplios sectores del rural que incrementan el tejido urbanístico, demandando, el contribuir al vivir de cada día con sus costumbres y tradiciones más arraigadas. A esto se sumarán otras personas llegadas desde distintos puntos de la geografía española que también aportarán en el hacer de lo que serán los magníficos desfiles procesionales de la actualidad. Es pues un fenómeno rural-urbano como lo es la propia idiosincrasia de la ciudad de Lugo.

LAS COFRADÍAS DE LA SEMANA SANTA LUCENSE.

 

Dentro de los desfiles procesionales que se celebran dentro de la Semana Santa Lucense, concluir con el desfile del Santo Entierro, donde se juntan todas las cofradías de la Semana Santa Lucense convirtiendo las calles de la ciudad en una muestra de la tradición más profunda, por medio de obras de arte de gran valor. Esta procesión sale la tarde-noche del Viernes Santo desde la Plaza de Santa María, para recorrer la Plaza Mayor, Calle de la Reina, Santo Domingo, Calle de San Marcos, Calle Montevideo, Calle Bolaño Ribadeneira, para llegar a la Plaza de Santo Domingo, lugar que ha visto estas celebraciones desde los lejanos tiempos del Renacimiento, entre los conventos de las órdenes mendicantes donde Franciscanos y Dominicos se afanaron desde siempre en preparar los actos del Triduo Pascual.

 

 

CONCLUSIÓN.

Como podemos ver, a lo largo de esta reseña de la Semana Santa Lucense, nos encontramos con unas fechas que marcan desde antiguo no solamente el devenir de la ciudad de Lugo, sino también el de todo su circundo, y no son como dicen algunos un invento copiado de otras latitudes en los años ‘40 del siglo XX. Son, por el contrario, la manifestación popular de masas más antigua de índole lucense, fruto de una evolución a través de los siglos. A día de hoy se han recuperado numerosas tradiciones antiguas, entre las que ocupa un lugar especial el Vía Lucis que hoy sustituye al antiguo Vía Crucis que acababa en el Sepulcro. Por el contrario, el Vía Lucis, termina con la Resurrección. Este Vía Lucis se reza la tarde del Viernes de Dolores por el adarve de la Muralla También se ha recuperado la procesión de los Dolores, el Domingo de Ramos por la noche, que nos trae recuerdos de la que en el siglo XVII organizaba la V.O.T.

 

José Manuel Abel Expósito.

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